El Afinador de Noticias
La ruta Sevilla - Cádiz en 1846

Los palos de la A a la Z


Seguidillas /

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Estrofa de cuatro versos muy común en la música popular española y base poética de numerosos estilos del folklore ibérico. La medida de los versos responde al siguiente esquema: primero y tercero heptasílabos, segundo y cuarto, pentasílabos. La rima sigue el modelo de ABAB, sea consonante o bien asonante.

Está muy generalizada, ya desde el siglo XVIII, que esta estrofa de seguidilla se complete con un estribillo de tres versos –que se suele llamar bordón-, siendo la medida de éstos: primero y tercero pentasílabos asonantes y el segundo un heptasílabo suelto.

En el flamenco el cante por seguiriya suele guiarse por la cuarteta de seguidilla, aunque añadiendo al tercer verso un ripio donde el heptasílabo se convierte en endecasílabo, surgiendo así la singular métrica de la estrofa sobre la que se interpretan las seguiriyas y las cabales.

Por su parte las serranas y las sevillanas se guían por el modelo tradicional, la seguidilla castellana.

Las seguidillas son la base musical de la escuela bolera en el siglo XIX y su antecedente tonadillero, ya que las tonadilla tenían en la seguidilla el número reservado a la moraleja con la que concluyen todas las piezas líricas de éste género. De las miles conservadas en los archivos españoles, elegimos una de la tonadilla a tres de Blas de Laserna titulada ‘Hipólita y Narciso’ (hacia 1780):

Quien no guste en España
de la majeza
que huya de nosotros
trescientas leguas,

dame los brazos
mientras que digo a voces
vivan los majos

Seguidillas Manchegas


Seguidillas del Caramba

Seguidillas cordobesas

Como digo la seguidilla reinó durante casi un siglo en el repertorio más castizo que se practicaba en los teatros y bailes de España. En Cádiz las seguidillas, su copla, su música y su baile, formaron el armazón donde los músicos y bailadores vertieron buena parte de sus letras más enjundiosas. Las seguidillas a finales del siglo XVIII derivaron en boleras y ya en el XIX en el bolero. Hasta bien entrado el siglo romántico lo bolero copaba la actividad musical del pueblo, en todas sus variantes.
La seguidilla siguió viva nutriendo de letras de muchos estilos del flamenco. Por ejemplo en las serranas y livianas, en las sevillanas y en los múltiples juguetillos de alegrías, tangos y bulerías que se practican aun hoy en el repertorio flamenco.

La nombrada por José Subirá tonadilla escénica tiene un modelo formal tripartito: el entable, las coplas y las seguidillas. De ahí que se cuenten por miles las seguidillas que se hallan en ese repertorio, que a su vez son la base musical de la música bolera del siglo XIX. En la tonadilla las seguidillas se corresponden con la sección reservada a la moraleja final y despedida. Ricardo Sepúlveda en su libro ‘El Corral de la Pacheca’ de 1888, en referencia al bailaor manchego Sebastián Cerezo, célebre bailarín de la época (1780), nos advierte como una voz dulce de hombre, aunque plañidera, empezó a cantar las seguidillas, acompañado de un guitarro, que rasgueaba con maestría una especie de gitano de los Percheles , pero esto no significa, como muchos han querido ver, que estas seguidillas se realizaran sobre el armazón rítmico-armónico de las seguiriyas flamencas.
Las seguidillas del XVIII son eso, seguidillas, con una estructura estrófica y una forma musical concretas. Las seguiriyas son un estilo flamenco que se canta sobre un modelo de letra determinado y único en su género . Sin embargo las seguidillas, y sobre todo las boleras, influyeron considerablemente en la cristalización de muchos géneros flamencos, no en vano el llamado por la gente del flamenco ritmo abandolao, propio de buena parte de los fandangos andaluces (excepto los onubenses), no es otro que el del bolero, el bolero español que tanta fama tuvo durante buena parte del siglo XIX.
Las seguidillas gitanas o a lo gitano, que no seguiriyas, están más que presentes en el repertorio del teatro breve del XVIII. Como ejemplo estas que cantó Polonia Rochel, otra de las grandes, a las que puso música Blas de Laserna en 1781:

Y ya era yo mas maja
y que no es mentira
que un fiesta de toros
de Andalucía…
me acuerdo que un día
me desafiaron
dos o tres gitanas
a reñir bailando,
le di la guitarra
a mi resalao,
la toco con aire
y yo con gran garbo
bailé estas seguidillas
a lo gitano…

(siguen seguidillas cantadas a lo gitano )

Y para rematar una coplilla
mi gitano se va a Cartagena
y a la fe no me quiere llevar,
por que dice que soy resalada
y en los puertos hay falta de sal

En unas seguidillas gitanas de Pablo Esteve se menciona a Cádiz: Con mi chusca para Cádiz dispuse el partir, y a la santa trena nos llevaron. Las seguidillitas que se bailaran que son gitanitas todos escuchar.

También lo hizo Antonio Rosales que, como todos los compositores de la época, subieron a las tablas los sones populares. Sus informantes eran sin duda alguna los propios intérpretes que, lejos de ser cantantes de ópera, era tonadilleros, cantadores y cantadoras que, muchos de ellos desde Cádiz , hacían las delicias del público madrileño.

Sirva de seguidillas
y de humorada,
un sonsonete alegre
que en Cádiz cantan.
Los días de fiesta
las gentes honradas,
suelen congregarse
con muchas gitanas,
y así con sus panderos
cantan y bailan

Y las seguidilla de El ciego fingido o La burla de Coronado (Rosales, sin fecha). Son seguidillas cantadas a lo gitano pero no seguiriyas .

zeguidillaz Jitanaz
canta mi chula.
que como ez tan gitana
gitano gusta,
y nenene,
que tu amor gitanillo,
loco me tiene.

El intercambio musical de Cádiz a Madrid es constante, como lo demuestra una tonadilla a dúo sin fecha de Pablo Esteve titulada Corte de mi vida: De Cádiz para la corte salí decente, con seguidillas nuevas, pulidas

Otra referencia en este sentido nos la proporciona Ventura Galván: Estamos en la Puerta del Sol y que nos mandan cantar algunaz zeguidillitaz, pues escucha unas que me han enviado de Cádiz de una dama que sentía la ausencia de un oficial.

La modalidad de seguidillas bolera reinaba en todos los teatros de España como se aprecia en una tonadilla de Blas de Laserna: Vayan unas seguidillas boleras a lo que salga, por es lo que ahora se estila en los teatros de España. Según parece todo en la vida cotidiana de la época eran seguidillas y boleras, así se confirma en El maestro de bolero tonadilla a cuatro de Blas de Laserna compuesta en 1791

Hoy la gracia de las niñas
es bailar mucho bolero,
pues quien de ese baile piensas
es el inventor primero,
yo pienso que el obligado
de la leña del infierno,
médicos y boticarios
son solo a este baile opuestos,
es que mata de repente
y ellos no ganan con eso

En esa misma obra, un poco más adelante un tal Paco con guitarra canta estas seguidillas:

Viva mil años,
viva el bolero,
que iguala con los tunos
los caballeros,
y que no es broma,
pues le bailan hoy día
todos y todas

Como suele ocurrir en el repertorio estudiado aparecen indicaciones coreográficas, en este caso a cerca de cómo se bailaban las boleras, aparece en las coplas de la tonadilla anterior de Blas de Laserna:

(Pepe) Toma pues las castañuelas,
(Querol) vengan que son muy del caso,

(P) pon así un pie así el otro,
(Q) como quien arranca nabos.
(P) los dos brazos de este modo,
(Q) esta es postura de aspado,
(P) se da así una vuelta,
(Q) estoy enterado,
(P) sigue un taconeo,
(Q) lo se yo de pasmo,
(P) trocad luego puestos
y quedad plantado.

La afición por estos bailes de seguidillas boleras o boleros en Cádiz queda demostrada después de rastrear los periódicos de la época. En el Diario Mercantil los encontramos en diversas ocasiones, tales como el 28 de octubre de 1805 Se presentarán por primera vez a baylar El Bolero, dos hermanos, hijos del Sr. Josef Ordóñez (conocido como el Mayorito) y la Sra. Francisca Laborda; la Niña tiene 11 años y el Hermano 8, lo han executado en los Teatro de la Corte y en el de Sevilla . El 21 de septiembre de 1803 en el mismo diario leemos que después bailará las boleras un cojo, nombrado Julián Cobacho. Y estas se intermedian de fandango, una práctica muy usual, meter en alguna de las cuatro seguidillas algún fragmento o el aire de un fandango, fundiendo dos géneros en uno, la fusión ya en el XVIII, sin trampa ni cartón. El 17 de Noviembre de 1803 leemos que … después bailará las boleras Julián Cobacho (alias) el Cojo, ocupando el tiempo de la tercera seguidilla en el Fandango.

Como boleras se conocían también a las intérpretes de esta modalidad de seguidillas, siempre haciendo hincapié en el castizo acento de su música como ocurre en la tonadilla a cuatro de Blas de Laserna titulada Los caprichos donde sin tapujos se afirma que

Mas que todas las arias
y los tercetos,
vale de una bolera
un taconeo

Existen en esta época numerosas modalidades de seguidillas boleras, una de las que más llama la atención es la que aparece el Diario Mercantil del 7 de mayo de 1817: Teatro Principal: Boleras de la Caleta, nuevas en este teatro, por la Sra. Pérez y el Sr. Leal. Aunque también encontramos boleras agallegadas que se bailaron el 22 de Febrero de 1826, o las Boleras nuevas del alza pilili del 16 de enero de 1828, las boleras del chungué (por las Sras. López, Entiles, y los Sres. Alonso y Ponce, las que serán intermediadas por dos ciegos que imitarán en lo posible a los que cantaban dicha canción por las calles. del 4 de Enero de 1830.

Otro ejemplo cómo los sones que se escuchaban en las calles llegaban a las tablas del teatro. Y la labor de los ciegos era entonces, no cantar cupones, sino romances y canciones por toda la geografía española, y también por supuesto en Cádiz.
También fue costumbre meter en aire y tono de boleras alguna canción muy conocida, como ocurre el 4 de Febrero de 1828, cuando se bailarán a cuatro las boleras del polo de la ópera del Criado fingido .

En la siguiente noticia del Diario Mercantil del 8 de noviembre de 1802 leemos que se bailarán las boleras por las Sra. María Gutiérrez y el Sr. Joseph Ramos; se cantará en seguida la tonadilla nombrada La aldeana maliciosa por las Sras. María Puig, Antonia Rodríguez y el Sr. Francisco Valenzuela; dando fin a la función con la contradanza de arcos y guirnaldas, que se bailó en el Foleto. Estará el teatro completamente iluminado, y se dará principio a las siete de la noche

Pero no solo eran bailadas, también se cantaban a la guitarra, como se certifica el mismo diario gaditano el 9 de julio de 1805: Pedro Cubas tocará y cantará a la guitarra unas seguidillas en que imita a los Gatos

Esta costumbre de cantar acompañándose el cantador a la guitarra aparece en muchas ocasiones y con diferentes estilos musicales, en el caso de las seguidillas el 25 de julio de 1805 el Diario Mercantil nos anuncia que el Sr. Reyna cantará a la guitarra unas seguidillas.

Las más populares, además de las boleras, fueron las manchegas bailadas por una, dos o más parejas. Así lo leemos el 10 de noviembre de 1809: Concluido el segundo (acto) bailará el Ole la Sra. Olivares; y se dará fin con las seguidillas Manchegas a cuatro.

La primera referencia que tenemos del bolero Luis Alonso aparece en el Diario Mercantil el 19 de Abril de 1917 precisamente bailando seguidillas: Boleras por Gertrudis Pérez y Luis Alonso, por primera vez en este teatro.
De las boleras el bien parado, pausa que se realiza entre cada una de las cuatro seguidillas, es el momento álgido de este baile. Así nos los hace saber el nº 9 del Argonauta Español de Cádiz del año 1790
Llevolo luego a una casa de gente de broza en uno de los barrios de la gente del bronce: entrole en una casa donde había un baile de candil, guitarra y pandereta. Vamos a ver, de dijo si con esto se le quita es hipocondría. Bailaban cabalmente seguidillas, las que no disgustaron al paciente. Al concluir gritaron todos como es costumbre, bien parado, bien parado. Al oir esto le entró tal corriente de risa, que fue por demás. Ya que se hubo sosegado, preguntole el amigo que de qué se reía. Del bien parado, respondió, cosa que para mí es tan nueva como la lengua Siria. Que jamás he oído. A renglón seguido preguntó que baile era aquel. El amigo, sorprendido, pasmado y admirado dijo: ¿Que usted no ha oído nunca las seguidillas boleras? Pues esas son. () A esto preguntó el Argonauta, ¿estas boleras de donde han venido? De los infiernos: qué se yo de dónde Barrabás han salido. Supongo, que solo se cantarán y bailarán entre gente de esta catadura. No por cierto: no es en el día marcial la que no las sabe cantar y bailar, sin separar las de más fuste. ¿Qué dice? Lo que oye. Las niñas del día, el primer son y baile que aprenden es el Bolero con el bien parado, y el manejo de las castañuelas. Se ha cundido el bolero de tal modo, que ya no se oye más que Bolero y bien parado. Vm. Tenga por cierto, que a lo menos los fabricantes de flecos han hallado una mina con esta moda.

Pero habrá que esperar a los años veinte para comenzar a encontrar referencias a seguidillas ya flamencas, en este caso las serranas. En una noticia del 5 de Abril de 1827, se anuncia como en la calle compañía nº 10 el señor Lázaro Quintana cantará las seguidillas de Pedro La-Cambra, las que bailarán el Sr. Francisco Cevallos y el Sr. José López. Seguirá el zapateado por el Sr. López, y el Sr. Quintana cantará la petenera americana .

Lázaro Quintana fue uno de los primeros cantaores flamencos propiamente dichos, sobrino del Planeta se presentó en Madrid como Cantante Flamenco en 1947. Las referencias a éste son siempre como intérprete de un repertorio de clara filiación flamenca, como es el caso de estas seguidillas de Pedro Lacambra, que no serían otra cosa que un antecedente de lo que hoy en el flamenco se conoce como livianas.

El 15 de agosto de 1828, un año largo después de la anterior referencia volvemos a encontrarnos con Lázaro Quintana:
Aficionados se presentarán a bailar unas seguidillas nuevas, acompañándolas con canto y guitarra el Sr. Lázaro Quintana.

Eran pues un estilo bailable que se cantaba acompañado a la guitarra, pero estos cantos pre-flamencos aun no habían logrado desprenderse del baile, cuando aparecen a solo si podemos hablar de que el género flamenco se está consolidando.

La serrana aparece pues como uno de los primeros estilos propiamente flamencos. Al año siguiente, el 28 de Agosto de 1828, pero ahora por el Sr. Monge (Antonio Monje El Planeta), quien además de cantar El polo de Ronda) también canta seguidillas serranas (que bailarán los Sres. Francisco Cevallos el Panadero y Pedro Jiménez Perete). El sainete Industria contra miseria o el chispero, en el que los nominados Monge, Panadero y Perete cantarán y bailarán La montañesa de Burgos.

Pocos meses después, el 7 de diciembre vuelve a subir Lázaro a las tablas en Cádiz, pero esta vez con unas seguidillas madrileñas cantadas por el Sr. Lázaro Quintana, y bailadas por los Sres. José López y Antonio Romero.

La seguidilla bolera hizo suya el flamenco para juguetillos de alegrías, bulerías, tangos, serranas, livianas, nanas, tientos y, cómo no, a las seguidillas béticas, las sevillanas.

He aquí un listado de las modalidades de boleras que se bailaron en los teatros gaditanos en la primera mitad del siglo XIX:
Boleras jaleadas
Boleras robadas
Boleras del jaleo andaluz
Boleras de la Marina
Boleras de la morena
Boleras jaleadas de La Manola
Boleras del Popurrí
Boleras de las Treguas
Boleras de La Manola
Boleras jaleadas del Chairo
Boleras de la Norma
Boleras de Los toros del Puerto
Boleros de la Caleta
Boleras de la extranjera
Boleras del zapateado
Boleras del Ole
Boleras de la confitera
Boleras del Charrán
Boleras de los viejos
El bolero
Boleras jaleadas de la gitanilla
Boleras rondeñas
Boleras del Jaleo Americano
Boleras del Trípili
Boleras de la Pata de cabra

FAUSTINO NÚÑEZ - Flamencopolis ©2011