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Los palos de la A a la Z


Tiempos Primitivos / 1493 – 1750 /

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En diez años se descubrió más que en mil

Stephan Zweig: Amerigo

waldseemueller Tal y como hemos visto en el capítulo anterior dedicado a la prehistoria, el papel de la Península Ibérica y en particular de las provincias béticas, está lejos de ser de mero actor secundario en el ‘Concierto Universal’, por el contrario desempeña un rol protagonista en dicho concierto. Los acontecimientos que desencadenan el fin de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna vuelven a poner a las ‘provincias flamencas’ en la vanguardia de la histora. Si en las columnas de Hércules, símbolo de España presente hasta hoy en día en su escudo y en el Cádiz, y por extensión el de Andalucía, la leyenda era: Non plus ultra, no más allá, a partir del año 1493 será ya para siempre plus ultra. La era de los descubrimientos será la que marque el inicio de la Edad Moderna, así lo atestiguan todos los historiadores. El Nuevo Mundo que se abre ante Cádiz, Sevilla y toda Europa cambiará para siempre su mentalidad, su visión del mundo.

Los modernos, Colon y los andaluces, que se aventuraron hacia el entonces non plus ultra. Kopérnico.

El hispanista inglés John H. Elliot afirma que ‘el descubrimiento puso en duda un buen número de prejuicios europeos sobre la geografía, la historia y la naturaleza del hombre. La innocencia, la fertilidad y la abundancia, cualidades por las que suspiraba la Europa del Renacimiento y que parecían tan inasequibles, hicieron su aparición en los informes de Colón y de Vespucio’. Por su parte José Luis Abellán, en La idea de América dice que América como lugar propicio para ensayar ideas y utopías, se convierte, a ojos del europeo, en lugar novedoso y exótico. En lugar idóneo para la reinterpretación de las reglas de la metrópoli. Para el colono se convierte a su vez en un lugar liberador, debido al enorme pasado histórico que pesa sobre los habitantes de Europa. América es tierra de posibilidades, de libertad’. rw_vihuela_frontEse impacto también lo vivió la música. Perspectiva poco estudiada pero de gran interés debido a las características musicales españolas a partir de aquellos años, maneras que se introducirán en las cortes europeas cambiando para siempre las formas tradicionales. Es la época de la Declaración de instrumentos musicales (Osuna 1549) del ecijano Juan Bermudo, los años del rondeño Vicente Espinel que construye la vihuela de 7 órdenes, cuando Mateo Flecha llega a Viena con sus Ensaladas adelantándose medio siglo al nacimiento de la ópera, y se imprimían cancioneros como el de Palacio, la Colombina, Medinaceli, Upsala, la época de los villancicos, piezas polifónicas de marcadísimo acento local, cantados por supuesto en castellano. Y lo que es más importante, es la época de los bajos ostinatos,  la de los monodistas: la vihuela de mano desplazó al laud, llamado vihuela de Flandes, y a partir de 1578 se sustituye por la guitarra. Hasta entonces las obras maestras de Luis Milán, Alonso de Mudarra,  Luis de Narváez (Granada), Diego Pisador, Miguel de Fuenllana, Luis Venegas de Henestrosa, Tomás de Santa María, Esteban Daza, Antonio Cabezón, Luis Briceño: altas, bajas, pavanas, fantasías, tientos y diferencias. Aquí está buena parte de los principios que inspiran la guitarra española que empezará acabando el siglo XVIII a hacerse cada vez más flamenca. La perspectiva atlántica de ésta historia muestra como con la noticia de la existencia de un Mundi Nuovo, el europeo, entrenado durante el renacimiento, da rienda suelta a su imaginación e ‘inventa’ (según Caccini en su Nuove Musiche), ‘fruto de su fantasía’, un idioma para revivir la antigüedad griega a fin de poder escenificar la Edad de Oro. Como decimos la monodia acompañada de guitarra es quizás la más importante aportación de España a la música moderna. La practica monódica responde a la forma de expresión más codiciada a finales del XVI y principios el XVII por V. Galilei, Peri, Caccini, Monteverdi: el ideal griego de la comprensión del texto cantado. Pero la influencia americana no se ve con buenos ojos a este lado del Atlántico. El estudio de la presencia de lo europeo en América ha sido y sigue siendo exhaustivo, no así al contrario. Europa no acaba de asumir su pasado colonial y se resiste a admitir influjos foráneos y más si provienen de un mundo nuevo. Este rechazo se puede leer en estos versos de Bartolomé de Argensola (s. XVII):

…haz que en tus aposentos no consienta un paje disoluto ni allá suene canción de las que el vulgo vil frecuenta canción que de Indias con el oro viene como él a afeminarnos y perdernos y con lasciva cláusula entretiene.

Siglos después El Solitario Serafín Estébanez Calderón sigue en la misma idea: En vano es que de las Indias lleguen a Cádiz nuevos cantares y bailes de distinta aunque siempre sabrosa y lasciva prosapia; jamás se aclimatan si antes, pasando por Sevilla, no dejan en vil sedimento lo demasiado torpe y lo muy fastidioso y monótono a fuerza de ser exagerado. Son muchos y muy diversos los baile que se han conservado en los libros de guitarra española desde el siglo XVI. Rastro que nos permite observar cuánto le debe el flamenco a la tradición monodista.  Folías, Canarios, vacas, españoleta, gaita, gallarda, morisca, chacona, zarabanda, pasacalle,  villano, tarantella, jácara, jota, fandango, cumbé, zorongo. En todos ellos podemos rastrear un buen número de elementos musicales que después encontramos en el flamenco, señal inequívoca de su relación. Tales como la rítmica acéfala, que tiende a dejar el primer tiempo del compás en silencio, propio de la música africana y presente, tanto en algunos de estos baile ‘históricos’ como en el flamenco. La métrica de amalgama o el uso de hemiolias para crear tesón en el ritmo, metro ‘clásico’ del flamenco, presente en soleares, cantiñas, seguiriyas, guajiras o peteneras, nada menos. Y, cómo no, la cadencia andaluza cuya práctica proporciona una tonalidad, alternativa al mayor y el menor, conocida como frigia y que nosotros preferimos llamar simplemente flamenca. Estas músicas, aunque se conservan en libros y partituras de carácter académico, eran en la práctica la banda sonora de los bailes de cascabel gordo, los de Candil de las clases más desfavorecidas. El proceso de estilización que sufrieron nunca lo conoceremos, pero la versión académica de ellos si nos da suficientes pistas al respecto. De entre todas las danzas, llamémoslas atlánticas, destacan dos bajos principales, la zarabanda y la chacona. El impacto que tuvieron en la música europea no puede ser mayor. La primera se coló en la Suite de danzas y la segunda llegó a inspirar a los mismísimos Bach y Händel. La definitiva cristalización de la tonalidad armónica se deja ver, sobre todo, en la obra cumbre del barroco, El clave bien temperado de J.S. Bach, tratado que tuvo mucho que ver con esa música moderna cuyos cimientos emanan de la música tradicional, en parte debido a las contribuciones españolas.

El siglo de Oro en la pintura y la literatura lo será, aunque mucho menos reconocido, también el de la música.

En cuanto a la zarabanda es importante señalar que su rítmica viene dada por la alternancia de un compás binario con uno ternario, métrica que se acabará convirtiendo en el santo y seña de la rítmica flamenca, presente en soleares, cantiñas o seguiriyas. El estilo más antiguo que hemos localizado con esta forma de medir el tiempo musical está en la zarabanda, danza indiana de enorme repercusión en la música más castiza de las que se hacen en Andalucía. Estos influjos tuvieron en la península ibérica muchos seguidores que concentraron sus esfuerzos en plasmar los aires populares en el papel permaneciendo esas formas hasta hoy. Gaspar Sanz con su tratado de guitarra rescata y pone al día un amplio repertorio de bailes y canciones que en su época estaban totalmente en auge: jácaras, folías, pavanas, gallardas, canarios. Así como Francisco de Guerau o Santiago de Murcia, autores de música de guitarra que sobresalen por su repertorio. En su música se aprecia claramente de dónde procede la llamada guitarra flamenca, instrumento que no hace más que continuar una tradición centenaria de tocar la guitarra bien rasgueando o punteando. Por su parte Juan Esquivel Navarro en su ‘Discurso sobre el arte del danzado y sus excelencias y primer orden reprobando las acciones deshonestas’ editado en Sevilla en 1642 hace hincapié en los movimientos accidentales, extraños, transversales, violentos y naturales (los mismo que los de las armas). Añadiendo un glosario de pasos como las floretas, saltos al lado o en vuelta, encajes, campanelas de variadas especies, cabriolas, sacudidos, cuatropeados, vueltas de pechos o al descuido, vueltas de folías, giraldas, susteidos, cruzados, reverencias cortadas, floreos, carrerillas, retiradas, contenencias, boleos, dobles y rompidos. La expulsión de los moriscos MORISCOSUn hecho muy a tener en cuenta en la época que nos ocupa es la expulsión de los moriscos de las Alpujarras en 1609. El tema nos interesa ya que nos obliga a cuestionarnos, como hiciera Blas Infante, cuántos de verdad fueron expulsados y cuántos ‘se quedaron’. Muchos se integrarían con la conversión imprescindible, pasando a formar parte de la sociedad española, sin duda llena de descendentes de moros, sobre todo en Andalucía y el Levante, otros se fundirían con los gitanos que tenían orden de asentamiento más no de expulsión. De ahí que la población gitana crezca entre el siglo XV y el XVIII de forma tan desmesurada, preferentemente de nuevo en Andalucía. Cuánto contribuyeron los moros a la cultura musical andaluza, y por ende a la flamenca, se deja escuchar desde el primer tañido, desde la primera queja. Por cierto ¿Quién tuvo en España más motivo para quejarse que los habitantes moriscos de los territorios reconquistados por la corona católica? La queja de galera a la que se viene refiriendo la flamencología referida en Libro de la Gitanería de Triana de los Años 1740 a 1750 que escribió el Bachiller Revoltoso para que no se imprimiera ocurrió en una época en la que sociedad andaluza estaba totalmente mixturada y de aquel mestizaje, los menos favorecidos eran los llamados gitanos, el resto payos. Dividir en dos la sociedad más mestiza de Europa no puede referirse a razas sino a castas. Borbones por Habsburgo Concierto-de-Farinelli-anta-la-corte-de-Felipe-V_Jardines-de-la-Granja-1024x667En 1700 comienza una guerra de sucesión que llevará a España a dejar de estar reinada por la casa austriaca Habsburgo para pasar a manos de la francesa Borbón. La decadencia de los últimos Austrias, que por otro parte llevó a una potenciación de las artes, incluida la música, desembocó en una disputa por la casa real española. Con la llegada de los borbones las modas francesas y la música italianas se instalarán definitivamente en la Península llevando al país a una evidente modernización pero con efectos negativos para la cultura más autóctona. La disyuntiva entre afrancesados y tradicionalistas inaugura la era de las dos Españas. Un que reclama unirse a Europa para adoptar su grado de civilización y otra anclada en un pasado de caballerías, pendencias y versos cantados. El pueblo inspirado por los acontecimientos produce una ingente cantidad de poesía para ser cantada. Los romances que circularon durante siglos por la geografía española. El fandango indiano fandango autoridades 1732El elemento indiano lejos de encontrarse en los llamados cantes de ida y vuelta impregna todo el flamenco. Si la chacona y zarabanda tuvieron origen americano también lo fue el primer fandango, definido en el diccionario de autoridades como ‘baile de los que han estado en los Reinos de Indias’. Que ha estado, es decir, que volvieron. Este fandango preferentemente menor y bailable daría nombre después al fandango cantado que hoy conocemos y del que derivan numerosos palos del flamenco. Su presencia en el repertorio de guitarra es cada vez mayor e impulsará formas que un siglo y medio después derivaran en cantiñas y soleares. La gran prisión de los gitanos prisionEn 1749 se produce otro hecho de enorme interés para la historia del flamenco, la gran redada que se ordenó contra los gitanos de toda España. De Andalucía la Baja fueron a parar al arsenal de La Carraca, en la Isla de San Fernando, Cádiz. La concentración de esa gitanería en aquel lugar sin ninguna duda contribuyó muy mucho a que fuese precisamente allí, en la Bahía gaditana, donde comenzó a gestarse la música que hoy reconocemos como flamenco. El Puerto y Cádiz, cabezas de América desde 1700 y puertos muy ligados con el tráfico colonial desde 1493, La Isla y Puerto Real, cunas de ilustres cantaores de todas las épocas, Planeta, Fillo, Nitri, Camarón seguramente descendientes de aquella casta paria que se les llamó gitanos y forjaron una de las música más fascinantes del planeta. Los bajos de danza del Renacimiento y el Barroco español A continuación podemos ver los esquemas armónicos para el acompañamiento de los bailes más representativos de estos doscientos cincuenta años. Casi todos son ternarios, con excepción del pasacalle, que lo encontramos tanto binario como ternario, y el villano que es binario. Aunque existen muchas versiones de estos bajos, si los reducimos al máximo en un esquema armónico principal resultan los siguientes (Mayúsculas acorde mayor, minúsculas menor): BAJOS DE DANZA

 

 

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