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Los palos de la A a la Z


Los Alquimistas / 1812 – 1847 /

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Lameyer 1Dios echó en un puchero
-según se cuenta-
mucha flor de romero,
sal y pimienta,
después guindilla,
y salió de aquel pisto,
la seguidilla.

Una flamenca pura
trincó er puchero,
y de la rebañaura
nació el bolero.
Vaya si es verdad,
desde entonces me he quedado
la contrata de la sal

Esta seguidilla se encuentra en una zarzuela de Fancisco Asenjo Barbieri titulada El proceso al can-can, y nos viene como anillo al dedo para introducir la cuestión: ¿cuáles fueron las condiciones sociales y musicales para que en Andalucía surgiese, a mediado del siglo XIX, el género que conocemos como flamenco? Si en la letra anterior sustituimos boleropor flamencoobtenemos otra sabrosa metáfora y el resumen de lo que pudo ocurrir. Si, además, cambiamos la sal, pimienta, romero y guindilla por seguidillas boleras, jotas, fandangos y polos, cañas, rondeñas y tangos de negros, podemos afirmar que con ese pisto se hizo buena parte de la música flamenca.

Llamamos, pues, alquimistas a todos aquellos que contribuyeron a forjar el flamenco fundiendo el acento oriental del cante andaluz, preferentemente gitano o agitanado, con la guitarra; es decir la melodía microtonal del cante fundiéndose con la guitarra temperada por los trastes que dividen la octava en 12 semitonos. La labor no fue sencilla, llegando a desarrollar incluso un sistema armónico propio que algunos llaman frigio, y aquí preferimos llamarlo simplemente flamenco. Amalgamar todos esos ingredientes para obtener oro puro fue el resultado de esta alquimia. Una suerte de reyes Midas, buena parte de ellos procedentes de la provincia gaditana.

La-Pepa-Vargas-danseuse-espagnole-Théâtre-du-Palais-Royal-GiraudConseguir expresarse con un acento propio llegó a ser la meta a alcanzar para muchos músicos españoles del XIX que, sabiéndose diestros en esas lides, supieron confeccionar un lenguaje que, sobre todo, se nutría de ingredientes indígenas. En este sentido, diremos que todo en el flamenco, desde un punto de vista musical, ‘parece hecho’ como oposición a la cultura europea, en lo rítmico y en lo melódico, pero también en lo armónico, de ahí su ramalazo oriental y su envoltorio americano. Una música de pura cepa hispana. Como dice Tomás Sainz, ‘el flamenco es la banda sonora de nuestra historia’, y los gaditanos tuvieron mucho que ver en su confección.

A partir de 1812 se dio el impulso necesario para que, desde Cádiz y para el mundo, se forjase uno de los géneros musicales más apreciados por gentes de todas las culturas: el flamenco. Sin embargo, en 1812 no se podía escuchar flamenco simplemente porque no existía, aunque tenemos múltiples pruebas, como estamos viendo, de que ‘lo flamenco’ se iba por entonces configurando día a día. En la tablas de los teatros andaluces se daban funciones variadísimas donde abundaban los bailes, predominando ‘lo bolero’. El género flamenco se estaba forjando, adaptándose a los tiempos, cociéndose a fuego lento. Poco a poco irían brotando los primeros estilos, aunque habría que esperar hasta la década de los 20 para que comenzase a surgir el ‘cante pa escuchar’.

Y para eso fue imprescindible la presencia de un elevado número de gitanos (castellanos nuevos de las mil razas que poblaron las Españas) y la concentración de muchos de ellos en el arsenal de La Carraca a partir de 1749. De ahí que Los Puertos, Jerez y Cádiz tuvieran por entonces una muy numerosa población gitana. Este castellano nuevo guardaba el condimento imprescindible para crear el flamenco, un canto hondo y auténtico que mostraba perfectamente la imagen que los andaluces deseaban proyectar, concretado en la trinidad de la cultura musical andaluza: el cante, el toque y el baile.

imageEl gitano fue uno de los ‘tipos’ más representativos de la sociedad española, presente en múltiples comedias teatrales, ora como quiromante, ora bailando y cantando en sus zambras. Los papeles de gitanos, negros y moros, así como los de gallegos o vizcaínos, eran interpretados por los profesionales del género, cantando, tocando y bailando al modo correspondiente. Y así se gestó buena parte del repertorio, los artistas especializados en el género recreaban las tonadas, toques y bailes de aroma popular, devolviéndolos debidamente estilizados al público, que de nuevo los recreaba.

En esta noticiadel gaditano Diario Mercantil del 14 de diciembre de 1829 se hace saber que en el Teatro de San Fernando (vulgo Balón) ‘el sr. Del Río ejecutará un papel en su parte de gracioso de negro fingido, cantando y bailando el tango del chorote’. Un cantador de tangos que ataviado de negro recrea su papel. La historia del teatro breve español está llena de estos artistas que se dedicaron durante siglos a traducir en clave andaluza los bailes americanos, las tonadas de gitanos y los toques moriscos, contribuyendo también ellos a confeccionar el género musical que nos ocupa.

Aunque a falta de grabaciones del periodo que nos ocupa están las partituras que algunos compositores escribieron dejando constancia de por dónde soplaban los aires pre-flamencos.

LA GUITARRA

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En cuanto a la guitarra, sólo decir que los antiguos instrumentos de cuerda pulsada tuvieron en la Península Ibérica su mejor asiento. Desde el laúd árabe hasta la vihuela del siglo XVI, desde la guitarra barroca del XVII a la romántica de seis cuerdas, y de ahí a la plantilla de Antonio Torres hacia 1850. El toque de guitarra entonces llamado a lo barbero, es decir, tocada al puente y en el tono de patilla(La, por medio), era practicada en Andalucía como instrumento, no sólo de cuerda, sino también de percusión, cantándose las diferentes tonadas ‘a golpe de guitarra’, en palabras de Soriano Fuertes. La guitarra desarrolló entonces un lenguaje propio para acompañar el cante y el baile. Su natural evolución logró configurar también un repertorio para guitarra solista que hoy florece en todo el mundo.

El investigador Javier Osuna nos ofrece una retrato de los años en torno a la Pepa desde la perspectiva del flamenco. Llama la atención cómo a mediados del siglo XVIII los guitarreros gaditanos gozan de prestigio con nombres como los Benedid, los Guerra, los Bonichi, los Recio, los Castro, los Benítez, los Costa, los Perfumo o los Pagés, cuyas sonantas situó Richard Ford a la altura de los Stradivarius. El impulso dado por la muy común práctica de tañer la guitarra en Cádiz dio lugar a auténticos diestros del instrumento español tales como Paquirri, Patiño, Barbero, Tapia, Habichuela, el Pollo o el Pintor.

En particular, José Pagés se cree que fue pionero en la utilización del varetaje en abanico como refuerzo de la tapa. Apenas se encuentran referencias a Pagés en la prensa histórica, aunque el Diario de Madrid del 7 de febrero de 1809 nos dice que ‘se vende una guitarra de Pagés con su caxa primorosa’.

Con instrumentos como este se comenzó a forjar la técnica de mano derecha (rasgueos, alzapua, etc.) y el modo flamenco (mano izquierda), un modo armónico autóctono que dotó de acordes y tonalidad propia a las melodías gitanas o agitanadas que comenzaron a cultivarse con cierta asiduidad principiando el siglo XIX.

EL BAILE

 

Y del baile qué decir, si ya desde la época del Imperio Romano las gaditanas hacían las delicias del Foro en la capital del mundo antiguo. Creemos que el baile flamenco evolucionó desde lo bolero con maneras más castizas, agitanando su acento, inyectando una dosis notable de indigenismo, para poder así configurar una de las expresiones bailables más singulares y admiradas del mundo.

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LOS ALQUIMISTAS DE CÁDIZ

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La popularidad de los gitanos de Cádiz está fuera de toda duda. La nómina de cantaores de la época no es pequeña, comenzando con el Tío Gregorio citado por José Cadalso en sus Cartas Marruecas de 1773. Gaditano y carnicero, binomio que se repite con mucha frecuencia hasta Enrique el Mellizo. Nos dice Javier Osuna que en el ‘padrón general de Cádiz de 1813 de la parroquia matriz de Santa Cruz, de lo que en tiempo fue un arrabal, en donde ‘la gente del bronce’ convivía en las casas-palacios del barrio. Eran mayormente herreros y tablajeros de carne y trabajaban en el Matadero’.

Citando a Lorca, Osuna nos recuerda las palabras del escritor granadino: ‘La gente cree que son carniceros, pero en realidad son sacerdotes milenarios que siguen sacrificando toros a Gerión’.

Insistimos, de la alquimia que fundió la queja del gitano con la guitarra surgió el flamenco. Unos pocos fueron los artífices del milagro mezclando sus músicas. Uno de ellos es Antonio Monge que, gracias al investigador Manuel Bohórquez sabemos que no era otro que el famoso Planeta. Y por Antonio Barberán sabemos, además, que su hermano era Luis Alonso, a quien el compositor y director de orquesta sevillano Gerónimo Giménez dedicó dos zarzuelas, El Baile y La Boda de Luis Alonso. También hay que citar a su sobrino Lázaro Quintana, o a José Cantoral, a Antonio Ortega El Fillo de la Isla de León. Las décadas de los 20 a los 60 serán su época. La gitanería de Triana también contribuirá en aquellos años con sus martinetes y tonás a alumbrar algunos de los estilos más jondos.

grabadoIILa familia de los Cantorales es crucial para entender los primeros años del cante flamenco. José Cantoral parece ser el más renombrado, tenido por Jerezano, Demófilo y muchos otros. El investigador Antonio Barberán afirma que era gaditano.

Además de los ya citados en la relación que Juanelo de Jerez le proporcionó a Antonio Machado Demófilo se apuntan varios nombres que aún no han sido suficientemente documentados e, incluso, de muchos no sabemos nada. Tal es el caso de Manuel José, El Muerto, Enrique, Juan Feria, Juanelo de Cádiz, Manuel Quintana, María La Cantorala, Juana la Sandita, La Pilí, La Jacoba, el Tío Rivas o La Lola.

A éstos habría que sumar todos los boleros que trabajaban en las compañías de los teatros gaditanos El Principal, El Circo y El Balón, sobre todo en estos dos últimos. Seguramente muchos de ellos también participaron en la configuración del género flamenco, tales como Francisco Pardo.

Y añadimos finalmente la olvidada contribución de los cantadores y bailadores de los teatros de Madrid que, durante 80 años, subieron a las tablas de El Príncipe y La Cruz miles de obras llenas de flamencura dieciochescaSi pudiésemos escuchar la música que se cantaba, tocaba y bailaba en Andalucía en las primeras décadas del XIX seguramente no la identificaríamos como flamenco. Lo más parecido serían las tonadas (tonás, melodías) que comenzaban a brotar como soporte musical de los romances que cultivaban los gitanos de la Bahía y Triana, o los polos también agitanados, las cañas.

Siguiente capítulo: ¡Viva lo flamenco!

FAUSTINO NÚÑEZ - Flamencopolis ©2011