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Los palos de la A a la Z


Clasicismo y vanguardia / 1973 – 2014 /

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Blas Vega resume esta época en siete puntos: eI renacimiento del ballet español y flamenco, la profesionalidad de los bailarines, el mayor rango artístico de las compañías, la coreografías cada vez más elaboradas y las mayores posibilidades de la música, exploración coreográfica de estilos flamencos que hasta entonces estaban reservados al cante y en una técnica virtuosista del zapateado.

Los formatos se irán modernizado y se incorporan lenguajes de la danza contemporánea hasta entonces vetados. Gades será un pionero llevando a los mejores teatros del mundo durante cuatro décadas su compañía con sus propias coreografías.

Los elementos comunes de este época serán primero una menor cantidad de coreografías por autor, profusión de la expresión corporal que sustituye al virtuosismo de la época anterior, temática de los ballets de carácter socio-político, Lorca será el poeta inspirador, se abandona la orquesta para volver a poner la guitarra en primer plano, y las compañías no son tan grandes como antes y las escenografías, como decimos, sencillas.

A finales de los sesenta Farruco forma junto a Matilde Coral y Rafael El Negro el grupo Los Bolecos con quienes obtuvo durante años en los escenarios de los tablas de más prestigio y solera de la capital, incluido el de Caracol, Los Canasteros. Su hijo Farruquito muere en un accidente y se retira reapareciendo en 1978 junto a sus hijas ya en Sevilla, donde residirá. Se tiene memoria de su paso por la III Bienal de Arte Flamenco de Sevilla en 1984, y su participación en la película Flamenco de Carlos Saura junto a su nieto Farruquito.

La familia de los Pelao de Madrid, no confundir con los cantaores trianeros de idéntico apodo, dieron mucho al baile flamenco siendo varios miembros de esa estirpe gitana muy importantes para la historia del baile flamenco. Primero El Gato figura del café Villa Rosa de Barcelona, y en 1926 del Kursaal Magdalena de Madrid. Es opinión generalizada que fue el más importante creador de la farruca tras la creación de Faíco, estilo que ha cultivado esa familia desde entonces como una reliquia que ya no existe. Gades heredó de El Gato esa forma austera de bailarla y que aun podemos ver en Toni El Pelao.

Mario Maya nació en Córdoba pero criado en Granada se inició en las cuevas del Sacromonte en las zambras preparadas para divertir a los turistas. Quiso la suerte que una pintora inglesa, Josette Jones, pintara un cuadro suyo que fue galardonado y ayudó a Mario a ir a Madrid a prepararse. Allí estuvo El Estampío, Manolo Caracol y para ingresar finalmente en el Tablao Zambra. En 1956 pasa al ballet de Pilar López, recorriendo diversos países y en 1959 se incorpora al tablao madrileño El Corral de la Morería. Con su mujer y Eduardo Serrano El Güito formará el Trío Madrid obteniendo diversos premios y ofreciendo recitales durante años. En 1976 estrena en Granada su primer gran espectáculo, ‘Camelamos naquerar’ y ‘¡Ay! Jondo’ dos obras que situaron a Mario en la vanguardia de la creación para ballet flamenco. Y por fin su obra ‘Amargo’, sobre poemas de Federico García Lorca que estenó en 1980. Por fin en 1983 funda el Centro de Actividades Mario Maya, en Sevilla.

Resulta difícil describir en unos renglones el genio creador de Antonio Esteve Rodenas, para el arte Antonio Gades, nacido en Elda en 1936 y criado en Madrid donde residió toda su vida. Aunque su vida la pasó en verdad llevando el baile español y flamenco por todos los rincones del planeta durante medio siglo.

Comenzó en Madrid en la academia de la Maestra Palitos para pasar pronto al Ballet de Pilar López de quien, según él mismo, no solo aprendió la estética de la danza sino, y lo que es más importante, la ética. Aquello que te impide hacer lo que no está bien hecho. Su carácter perfeccionista marcó su obra dejando en el repertorio pocas coreografías pero, sin duda alguna, se han convertido en las más famosas del repertorio internacional de baile español. Nos referimos a La Suite Flamenca, Bodas de Sangre, Carmen y Fuenteovejuna. También puso es escena un Amor Brujo fallido que tituló Fuego y que nunca pudo acabar a pesar de que su fundación lo ha recuperado siendo el deseo del maestro que nunca se montase. También fue un maestro en la iluminación y, sobre todo, en lograr contar a través de la danza, algo por lo que suspira cualquier bailaor del último medio siglo.

Los tablaos

Eran una versión moderna de los cafés cantante y a ellos acudían propios y extraños, muchos extranjeros, y para los mejores artistas flamencos era su trabajo más seguro así que durante dos décadas esos tablaos mantendrán viva la llama de muchos artistas que hoy son ya historia del flamenco, buena parte de ellos ya fallecidos.

En 1952 se funda El Guajiro en Sevilla y El Patio Andaluz en 1956. Madrid fue capital de los tablaos: Desde El Duende de Pastora Imperio hasta los Canasteros de Manolo Caracol, en los tablaos de toda España se refugiarán buena parte de los artistas flamencos. Si observamos los elencos de los diferentes tablaos, preferentemente los de Sevilla, Málaga,

Barcelona y sobre todo Madrid, podremos ver a lo mejor de la época trabajando en estos locales que en los ochenta comenzaron su decadencia. Aunque nunca han llegado a desaparecer, como ocurró con los cafés cantante, parece que ahora vuelven a retomar el vuelo a pesar de la mala prensa que los defensores de la pureza siempre les han reservado.

Los festivales

Los tablaos, más enfocados al espectáculo en recintos pequeños y a un público preferentemente extranjero tuvieron como complemento la
organización de festivales. Si en los tablaos renacía el espíritu de los cafés cantante, los festivales no dejan de asemejarse a los espectáculos de la ópera flamenca que en los años veinte y treinta del siglo pasado reunían sobre el escenario a varios artistas durante una misma velada.

En los festivales, preferentemente veraniegos, se alternaba el cante, el baile y la guitarra y eran organizados tanto por organismos oficiales, como ayuntamientos o diputaciones, o bien por entidades culturales y recreativas, peñas flamencas, entidades que comenzaron a surgir en los años cincuenta a fin de difundir el arte andaluz, a la par de los concursos que, al igual que ocurriera en los años de la ópera, volvieron a florecer en los cincuenta.

Generalmente se celebraban al aire libre y el balance global de su efecto es muy positivo, ya que acercaron al gran público una música que tras la guerra había perdido el contacto con la afición. En los años ochenta tuvieron su punto álgido celebrándose centenares de ellos viviendo en los noventa una crisis que llegó a anularlos prácticamente. En los últimos años viven un renacimiento y cada año vuelven algunos de los más señeros.

Nombres como el de Antonio Mairena, Fosforito, Fernanda y Bernarda de Utrera, todos los grandes de una época mítica preñada de gitanismo pero con grandes voces en contraste con lo que hasta entonces había llenado las plazas de toros y los grandes recintos.

Rito y geografía del cante

En los años setenta TVE decide producir una serie de capítulos dedicados al flamenco en el que aparecerán las principales figuras de la época: de Antonio Mairena a Manolo Caracol, Terremoto, Fernanda de Utrera, Diego el del Gastor y un larguísimo etcétera fueron apareciendo frente a las cámaras. Se trata sin duda alguna del documento más importante de aquella época realizado por Pedro Turbica y José María Velázquez-Gaztelu a partir de un proyecto que diseñaron junto a Romualdo Molina, y siguiendo las directrices de José Manuel Caballero Bonald y la filosofía populista que ya había expuesto en su antología realizada para el sello Vergara. Se rodó entre 1971 y 1973 recorriendo todos los rincones de la geografía flamenca y es la mejor muestra del flamenco de aquellos años. Gracias a esta serie hoy podemos apreciar con claridad el talento buena parte de los artistas de entonces.

Los niños de la postguerra, la revolución

Nacidos en los años cuarenta del siglo XX encontramos gigantes del flamenco como Paco de Lucía, Manolo Sanlucar, El Güito, Enrique Morente y ya comenzando la década de los cincuenta el gran José Monge Cruz Camarón de la Isla. No nos extenderemos aquí en sus biografías ya que entendemos que su vida y obra están al alcance de cualquier aficionado. Solo nos detendremos someramente en cada uno de ellos.

Otro puntal del baile es Eduardo Serrano El Güito, como Antonio Gades y Mario Maya pertenece a la escuela de Pilar López, aunque su carrera se ha desarrollado en tablaos y actuaciones con su cuadro, ha marcado un estilo de bailar en hombre, preferentemente por soleá que es un referente ineludible.

Hay otros muchos, como Farruco, Cristina Hoyos, Manuela Carrasco, Manuela Vargas, Matilde Coral, nombres imprescindibles de la segunda mitad del siglo XX, maestros todos de los maestros que llenan hoy los teatros del mundo entero.

Hablar de la guitarra de los niños de la posguerra es hablar de Serranito, con su técnica sin par y probado talento, de Manolo Sanlúcar, el incansable indagador en el lenguaje contemporáneo de la guitarra, de Paco Cepero o Enrique de Melchor, acompañantes de lujo para cantaores de primerísima fila, Paco Peña, quien abandonaría España desde joven para llevar el toque flamenco por el mundo entero.

Se nos quedan muchos nombres en el tintero, la abundancia de lo bueno es la mejor señal de la excelente salud que tiene el flamenco, pero hay nombres que han marcado para siempre el devenir de todo esto y uno luce más que ningún otro por su maestría y compromiso con esta música, su música, su pasión.

Hablar de guitarra es hablar de quien es sin duda el más importante artista flamenco de todos los tiempos, Francisco Sánchez Gómez, para el arte Paco de Lucía. No vamos aquí a revelar su gigantesca figura, solo apuntar que se nos ha ido demasiado pronto y que su imborrable huella ha marcado para siempre el flamenco.

El cante no se quedó corto en los nacidos en la posguerra. Destacaremos a fin de aglutinar las diferentes escuelas a tres maestros. Primero a José Monje Camarón, a él debemos mucho de lo que viene aconteciendo en las últimas décadas, su estilo inconfundible ha marcado una época y al cante para siempre. Somos muchos los que nos iniciamos en el flamenco de su mano y a él debemos estar agradecidos. Camarón marcó una frontera en la historia del cante flamenco, como si de un Mozart gaditano se tratase. Como el genio de Salzburgo nació en el lugar exacto, en el momento y en la familia exacta. El destino le tenía reservado un lugar de honor entre los más grandes cantaores de todos los tiempos.

Un cantaor no gitano y nacido fuera en el meollo de la geografía más flamenca estuvo llamado a revolucionar una parte importante de la creatividad en lo flamenco. Enrique Morente personifica como ningún otro cantaor el compromiso con la tradición y el riesgo al adentrarse en la vanguardia más transgresora.

Fosforito, a quien ya nos hemos referido anteriormente, personifica mejor que nadie al cantaor comprometido con el repertorio clásico y figura de una época de revalorización del cante.

Son muchos más de los que aquí hemos apuntado, aunque hemos intentado no dejarnos a nadie importante muchos grandes nombres no está aquí recogidos por razones de espacio. A medida que nos acercamos en el tiempo a nuestra época los nombres aumentan exponencialmente, de ahí que se haga prácticamente imposibles referirse a todos sin que esto se parezca a una guía de teléfonos. Queda dicho.

El flamenco es la música de referencia de la cultura musical española, andaluz de origen pero universal de vocación. Sirvan estas diez unidades dedicadas a la historia como recorrido por las etapas que lo vieron nacer, desde la pre-historia, cuando aun no existía como expresión artística, hasta el siglo XX.

El flamenco goza hoy de una excelente salud y sus artistas vivos son el mejor ejemplo de ello. Amemos su arte y respetemos sus diferentes formas de expresarse, que por suerte las hay para todos los gustos.

FAUSTINO NÚÑEZ - Flamencopolis ©2011